
Las colinas de Juan Gris
Este verano todo está siendo complicado por múltiples razones. Primera y primordial: tú no estás la mayor parte del tiempo y a veces tengo que hablar con la tele porque no se escucha a nadie. La finca está casi vacía, soy un blanco perfecto para los ladrones del verano y sólo tengo un DVD y muchas películas que ofrecerles como botín. Segunda y secundaria: me emborracho y todo lo demás, más de la cuenta. Me gustaría encontrar algo más saludable que decir y aunque hago deporte una o dos veces siempre a la semana, me siento como un náufrago ennegrecido por el Sol y que ajusticia por la noche las botellas de ron que sobrevivieron a la quema. Tercera y residual: me cuesta leer, escribir y todo aquello que requiera más concentración de la cuenta. Tengo la cabeza espesa y me cansa mi trabajo. Para sobrevivir a tanta abulía, planeo un viaje a Almería. Iré con mi coche, sola, en septiembre, será como en Thelma y Louise pero sin Thelma. También me invento abandonándolo todo, viviendo en cualquier otro lugar. Me invento muchas cosas, yo no sé cómo sobrevivo a tanta invención.